Sexting – Metatítulo: Lo que no quieren que leas

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Resulta curioso lo fácil que es enviar tu foto hoy en día. No hablo de un selfie, naturalmente. Los labios, algún escote, o las venas de un brazo; todo resulta sumamente sexualizable. Incluso las fotos quedan cortas ante los videos de treinta de segundos de whatsapp o los bailes sugerentes en Tik Tok. Esto lo digo sin hacer ningún tiempo de señalización por la edad, ya que hasta los más abuelitos mandan su pack.

Pero antes no había packs, antes no había internet ni redes sociales de ligue, antes no mandabas tu intimidad o pedías la de otra persona mediante un mensaje de texto, ¿o sí?

En los 80’s y 90’s los temas sexuales y la pornografía eran muy disimulados, hasta en algunos casos eran tachables. Irónicamente, era la época de oro para revistas como Playboy o Penthouse. Sin bien no había Tinder, existían compañías de ligue en las que llenabas un documento a manera de perfil o te grababas en un video VHS contando tus supuestos atributos –tal y como hoy expone la mayoría de perfiles de Tinder-, tratando de promoverte entre una cantidad absurda de individuos que buscaban lo mismo: ligar.

Si eras más práctico u honesto contigo mismo y tus posibilidades, podías utilizar el teléfono y hacer una llamada a una línea hot en la que una operadora, con la voz más sensual y parsimoniosa, te hacía partícipe de las fantasías más cliché que un adolescente braguetero podría tener. Por último, podrías ir a un sexshop en la que solo encontrarías películas para varones y, por lo mismo, muñecas inflables.

Eran otros tiempos, aunque no muy distintos en el fondo. Más allá de la cuestión moralista -que nunca falta-, resulta hasta divertido ver cómo nos hemos desarrollado. Darle de esta manera la contra a esa tía cucufata que tenía seis o siete hijos en su haber, pero qué criticaba todo bajo una perspectiva pudorosa. Puede que seamos una sociedad más explícita, eso sí, lo puedes notar en la letra de las canciones de cada época. Compara: “… quisiera ser un pez para mojar mi nariz en tu pecera…” de Juan Luis Guerra con cualquier canción del género “urbano”; todas hablan de lo mismo. Salvando las distancias en lo musical, desde luego, pero para cada gusto… el de uno.

Lo que no ha cambiado es lo de adentro: las ganas de ligar. La dopamina que se genera en el flirteo, la emoción que se siente al coquetear con una persona, la adrenalina ante lo prohibido, el secreto, el misterio.

Sería muy pretencioso definir la moralidad de una época, lo único que se podría señalar para hoy en día es que somos más libres, quizá más honestos que antes. Tanto hombres y mujeres, jóvenes o adultos, o de cualquier sexualidad: somos más desinhibidos para temas que antaño eran considerados tabú.

Escribir unas cuantas palabras y generar una sonrisa cómplice en el receptor, de esas sonrisas como quien se acuerda de alguna travesura, no tiene precio. Pues bien, eso es sexting.

‘Naná’

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